Cuesta imaginar que en un tiempo de postmodernidad globalizante, hiperconectado y con una riqueza sin precedentes de datos e información, fenómeno que ha creado sólidos puentes entre culturas, entre civilizaciones, y que ha estandarizado frecuentemente pautas y comportamientos, formas de vida y modelos de consumo en lugares de nuestro planeta tan remotos que hubiese sido impensable unas pocas décadas atrás y que ha aplicado tabla rasa en dietas alimenticias, tradiciones literarias o musicales, formas de vestir y otras muchas no haya afectado del mismo modo al hecho religioso, es más, parece que aparece un retroceso en algunos ámbitos, volviéndose más opaco, levantando muros entre seguidores de una u otra tradición, como si se temiese que, justamente por tener tanta información al alcande del creyente acerca de «los otros», «los distintos», pueda contaminar el espíritu de una práctica religiosa considerada como «en posesión de la verdad plena».
Esto podría deberse al temor de los propios creyentes a ingerir la peligrosa toxina de la religión equivocada, a dejarse arrastrar por ideas erróneas o, peor aún, que se encuentran bajo el aliento de algún mal espíritu, con riesgo de perder la ansiada salvación de nuestra alma. Pero también cabe la sospecha de que las propias instituciones de cada religión establecida vean en esta sobreabundancia de conocimiento el peligro a que su feligresía pierda su fe o se desplace hacia otros horizontes, mermando peligrosamente el rebaño, engañados e intoxicados por corrientes de búsqueda de lo trascendente que han sido importadas de otros lugares, de otros pastos que pueden parecer más tiernos y jugosos, si acaso por la atracción de la novedad, o por la promesa de un cielo más sencillo de alcanzar.
Ciertamente, el principio de síntesis propuesto por Melloni en este profundo y analítico ensayo que recorre el universo humano desde todos los planos posibles: ontológicos, físicos o culturales, quizá es para el ser humano de hoy, un modelo todavía lejano. Pero sin lugar a dudas se trata de una concepción espiritual que debería estar en el corazón de todos los que creemos en el mensaje de Jesús «… que todos sean Uno..» (Juan 17:21)
Pero mientras esa nueva conciencia de humanidad se desarrolla, bueno es conocer lo que el lienzo sagrado que el ser humano ha tejido a lo largo de su historia en todos los lugares de nuestro planeta y en su propio corazón, pleno de matices y variadamente exuberante en formas de expresión y simbología, sea aprendido y comprendido, asimilándolo como la viva expresión del Ser que nos habita y que no se somete a nuestros cánones sobre una definición de la «religión verdadera» que tanto daño hace y manipula, alejándonos de la esencia más íntima, del tesoro escondido, de la perla de gran valor (Mt 13:44-46) que, no lo olvidemos, se encuentra en lo más íntimo de cada ser humano, religioso o no, y que constituye su esencia más divina.
«Hacia un tiempo de síntesis» se estructura proponiendo un recorrido plagado de simbolismo, que se inicia con una rotunda propuesta de lo que significa síntesis, para continuar describiendo el difícil camino en el que el propio ser humano tropieza con sus propias y egocéntricas piedras. En la segunda parte realiza un recorrido muy detallado sobre lo que cada religión o camino espiritual significa, sin ambigüedades ni críticas, desde una transparencia franca y noble para, a continuación, adentrarse en una tercera parte en la que se analizan los procesos unitivos y de transformación en ese despertar del alma, la vía mística que es nuestro camino de ascensión a lo sagrado, más allá de símbolos y liturgias, aunque cada camino pueda apoyarse en ellos. También dedica unos valiosos análisis a la relación entre el cuidado de nuestra casa-espíritu y su acción directa en el amor y la preservación de nuestra común madre casa-tierra. En un esencial epílogo, vuelve al tema de la síntesis como elemento unificador de esta obra, concluyendo en la propuesta de un nuevo modelo de humanidad habitada y guiada por el Espíritu, en una identificación del alma individual con el Ser esencial que llamamos Dios.
«La razón de ser de las tradiciones religiosas es posibilitar ese estado de no-dualidad que genera comunión, en lugar de la dominación y del exterminio del diferente y de lo diferente. Una experiencia espiritual auténtica no puede crear síntesis rígidas que acaban siendo violentas para defenderse a sí mismas. Por la condición propia del spiritus («aire»,»viento»), no puede ser sino porosa, capaz de integrar nuevos elementos sin que nadie ni nada quede excluido y donde en cada fragmento e reconozca la presencia fractal del Todo» (Hacia un tiempo de síntesis. XII. El futuro de las religiones)
…porque en todo semejante
él a ellos se haría
y se vendría con ellos,
y con ellos moraría;
y que Dios sería hombre,
y que el hombre Dios sería…
De “In principio erat Verbum”, San Juan de la Cruz

Javier Melloni Ribas (Barcelona, 1962) es antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión. Varias inmersiones en la India le han permitido poner en contacto elementos de la mística hindú con la cristiana. Jesuita y estudioso de los Ejercicios Espirituales, tiene al mismo tiempo un amplio conocimiento de los textos de las diversas religiones. En su tarea como acompañante espiritual integra elementos de diversas tradiciones.
La historia de Javier Melloni podría ser como la de cualquier adepto de una religión cualquiera: recibe la llamada de la fe muy joven, entra en noviciado y realiza sus votos. Pero Javier fue mucho más allá: su afán de buscar la Verdad, la Bondad y la Belleza le llevaron a investigar, no sólo en la tradición cristiana, sino en fuentes tan alejadas como el sufismo y el hinduismo a fin de ofrecer un camino espiritual adecuado a sus creencias…
Jesuita de formación, Javier Melloni ofrece retiros en la misma cueva donde Ignacio de Loyola realizó sus retiros y creó sus conocidos ejercicios espirituales. Experto en diálogo interreligioso y autor del libro “El Cristo interior” nació en Barcelona en 1962 de padre italiano, e ingresó en la orden jesuita a los 18 años.
Es miembro de Cristianisme i Justícia y profesor en la Facultat de Teologia de Catalunya y en el Institut de Teologia Fonamental de Sant Cugat. Vive en el centro espiritual La Cueva de San Ignacio, en Manresa. Entre sus publicaciones destacan La mistagogía de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio (2001), El Uno en lo Múltiple (2003), Relaciones humanas y relaciones con Dios (2006), Vislumbres de lo Real (2007, edición catalana en Fragmenta), El Deseo esencial (2009, edición catalana en Fragmenta), Voces de la mística (2009), El Cristo interior (2010), Hacia un tiempo de síntesis (Fragmenta, 2011) y Dios sin Dios (con José Cobo, Fragmenta, 2015).
Recientemente ha iniciado un proyecto de vida contemplativa compartida en una masía próxima a Manresa, fruto de un proceso de discernimiento con el Provincial de España y con el consentimiento del P. General. La propuesta, pensada especialmente para el último tercio de la vida y en contacto directo con la naturaleza, se desarrolla en Bacardit de Llumás, a unos 25 km de la Cova de Sant Ignasi, en un entorno de bosque y parcelas de cultivo arrendadas.
La iniciativa nace como extensión de ‘Camino de Contemplación’, un itinerario orante surgido en el Centro de Espiritualidad de la Cova de Sant Ignasi y alimentado durante los últimos quince años por grupos que siguen la práctica meditativa de Franz Jalics. Sobre ese humus se formula el nombre del proyecto (y de la futura fundación): “Poblado(s) Contemplativo(s) Cosmoteándrico(s)”
