El tiempo de la creación se celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, patrón de la ecología, los cristianos de las diversas confesiones celebran el don de la creación. Un tiempo de acción de gracias al Creador, de oración, reflexión y compromiso por el cuidado de nuestra casa común.
Esta jornada, instituida en 1989 por la Iglesia Ortodoxa (el Patriarca Dimitrios I) y establecida en la Iglesia Católica por el papa Francisco en 2015, en comunión con el Consejo Mundial de Iglesias, y continuada por el papa León, nos invita a contemplar el mundo creado como un don de Dios, a contemplar su belleza y a comprometernos en su custodia.
El tema elegido para este año 2026 es “Agua Viva”, inspirado en el texto bíblico de Ezequiel 47,1-12, que narra cómo el agua vivificante que brota del Templo sana la tierra y hace florecer la vida. Este símbolo, “Inmersión en Agua Viva”, nos invita a dejarnos transformar y a responsabilizarnos, cada vez más, del cuidado de la Creación; reconociendo el vínculo entre la protección del medio ambiente, la justicia y el cuidado de las personas. Estamos llamados a sumergirnos en el Agua y a salvaguardar y trabajar activamente por la restauración de la creación, para que la sanación del medio ambiente y el bienestar humano puedan florecer juntos.
Somos conscientes de la llamada urgente a la acción, sabiendo que sólo podemos responder a ella desde la fe y la conversión del corazón. El Tiempo de la Creación es una fuente de esperanza y comunión entre los cristianos que nos anima a colaborar unidos por el cuidado de nuestra madre Tierra.
El papa León XIV, en su mensaje, nos invita a construir una civilización del amor. “Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). Este regalo de vida yace justo en el corazón de nuestra misión como discípulos y de nuestro llamado común a construir una civilización del amor. Como podemos observar, en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador”.
Termino esta reflexión con las palabras del papa Francisco: “Queridos hermanos, el cuidado de la casa común no se debe confundir con un simple activismo ecológico ni con un voluntarismo secular que prescinde de Dios. Nuestro esfuerzo humano es el humilde pan y vino que ponemos sobre el altar, confiando en la primacía de la gracia para que el Espíritu Santo los transforme en vida nueva. El Resucitado envuelve misteriosamente a todas las criaturas y las orienta hacia un destino de plenitud”.
Oración: Dios Padre, que en Cristo, primogénito de toda la creación, has llamado a todas las cosas a la existencia, haz que, dóciles al aliento de vida de tu Espíritu, custodiemos con amor la obra de tus manos.
Carmen Herrero Martínez
