Ayer tuve la bendita oportunida de poder asistir a la liturgia que, con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, fue celebrada en la Catedral del Redentor de Madrid, de confesión anglicana, con pastores anglicanos y sacerdotes católicos, co-participando en la celebración litúrgica de la asamblea.
El templo, repleto de fieles que asistían desde su diversidad de confesiones a la celebración, era de gozo, comprendiendo lo que es evidente y que todo cristiano está llamado a entender: la aceptación del otro, del distinto en apariencia, de su credo y sus costumbres, confiando en que Cristo es el Uno que ama la unidad que subyace más allá de las aparentes diferencias.
Tanto en las palabras del obispo reverendo D. Carlos López Lozano, como en la homilía que ofreció el delegado de la Iglesia Católica para el ecumenismo, Aitor de la Morena, el mensaje era unánime y el deseo de comprensión y de abrazo mutuo, así como el sentimiento de que existen buenas y estrechas relaciones entre las iglesias de las distintas ramas del cristianismo es buena, además de esencial. Aitor ofreció mensajes muy simbólicos, como el que acompaña al título de este post, entre otros muchos, cuyo contenido giraba en torno a la reflexión de si pensamos que en la vida futura, se nos va a seleccionar por si somos católicos, protestantes, ortodoxos o de cualquier otro credo o religión.
El arzobispo de Madrid, José Cobo, a través de su delegado, también trajo un mensaje de unidad y de satisfacción por la celebración de estos actos litúrgicos cuyo valor cristiano y humano es tan importante.
Para más información y actos sobre la semana de la Unidad 2026, se puede consultar en la página de la Conferencia Episcopal Española.
